Marcada arquitectónicamente por su pasado medieval, la ciudad de Teruel posee uno de los mejores ejemplos del urbanismo medieval aragonés. Además de contar con otro de los valores más importantes como sus representaciones mudéjares, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La Catedral con su torre y artesonado, las torres del Salvador, de San Martín y de San Pedro son un magnífico ejemplo de esta manifestación artística.
Teruel cuenta con bellísimos ejemplos de arquitectura civil y militar, como el castillo de Peracense, con palacios como el de Mora de Rubielos y con la mejor colección de torres e iglesias mudéjares de todo Aragón, como las de la capital, Montalbán o las de Alcorisa e Híjar. Magnífico en el artesonado de la catedral de Teruel, relajante la hermosa plaza del Ayuntamiento de Cantavieja y preciosas localidades como Albarracín, Calaceite, Valderrobres, Iglesuela del Cid, Alcañiz, Rubielos de Mora, Mirambel.... impresionantes los filos de las rocas de los Organos del Montoro y los recios perfiles de las serranías de Gúdar y Albarracín. Es famosa la Semana Santa del Bajo Aragón, con su Ruta del Tambor y del Bombo. En la capital, la romántica tradición de los Amantes o el sabor popular de la Vaquilla del Angel.Los siglos XVII y XVIII, son claves para Teruel en remodelaciones urbanísticas y reformas en todos los edificios religiosos (uno de los más destacados es la Iglesia de San Miguel en Villalba Baja), y se levantaron nuevos palacios fruto de la influencia renacentista. La Casa del Deán, el Palacio Episcopal (que acoge el Museo Diocesano), y la Casa de la Comunidad (donde se alberga el Museo Provincial) son ejemplo de esta arquitectura, así como los palacios de los marqueses de Tosos y de la Cañada, además de la Casa del Cura.
Durante el primer tercio del siglo XX se produce un notable desarrollo de la arquitectura modernista. Una amplia muestra de este estilo lo podemos encontrar, sobre todo, en tres edificios tradicionalmente denominados ‘Casa Ferrán’, ‘La Madrileña’ y ‘El Torico’, construidos por el arquitecto tarraconense Pablo Monguió, impulsor de la arquitectura modernista en Teruel y que trabajó en ella desde el año 1897 hasta el 1923.Historia de Teruel capital
![]() Panorámica de Teruel a principios del siglo XX
![]() Tradiciones y Artesania• Los Amantes de Teruel Según arraigada tradición, que poco a poco fue imponiéndose a la oscuridad de la leyenda, en los primeros años del siglo XIII ocurrieron unos hechos cuya historia pasamos a relatar. El joven Diego Marcilla se enamoró de Isabel, hija de Pedro Segura, titular de una noble e influyente familia del Teruel medieval. La temprana amistad se convirtió pronto en amor. Al solicitar la mano de la muchacha, el padre de ésta le rechaza y se opone al matrimonio por la pobreza del pretendiente ya que Diego, por su condición de segundón, estaba privado de bienes y riqueza. Entonces éste pidió a la joven un plazo de cinco años para ir a probar fortuna y enriquecerse. Ella se lo concedió. Mientras tanto el padre propuso a su hija nuevo casamiento, que ella posponía alegando un voto de virginidad. Pero, viendo que no tenía noticias del enamorado y habiendo pasado ya casi cinco años, accedió a las súplicas de su padre. Isabel contrajo nupcias con el hermano del poderoso señor de Albarracín. A poco de celebrarse las bodas y el mismo día en que expiraba el plazo, volvió Marcilla rico. Al enterarse de lo ocurrido, Diego logra entrar una noche en la cámara nupcial. Oculto detrás del lecho de la recién casada le recuerda su antiguo amor y le pide un beso de recompensa, porque está a punto de morir. Ella se lo niega y el joven cae muerto de pesar al pie de la cama. Asustada, despertó a su marido y, después de contarle la historia de esos amores en nombre de otra persona, le mostró el cadáver de Marcilla. Los dos lo llevaron ocultamente hasta la puerta de sus padres. Al día siguiente se van a celebrar los funerales en la iglesia de San Pedro. Cuando Isabel ve pasar el cortejo fúnebre, siente fuerte remordimiento y decide ir a la iglesia. Poco después se acerca al féretro una mujer enlutada que se arroja sobre el cadáver de Diego muriendo seguidamente: es Isabel, que ha dado a su amado muerto el beso que le negó en vida. Los presentes, asombrados por tan extraordinarios hechos, determinaron enterrarlos juntos. Son estos acontecimientos la base de la tradición que los turolenses han transmitido secularmente de padres a hijos y, por lo tanto, la tienen por verídica. El hallazgo de dos momias en 1555, en la Capilla de San Cosme y San Damián de la parroquia de San Pedro, contribuyó a desarrollar esta tradición ya por entonces muy arraigada. La bibliografía sobre el tema es cuantiosísima, y citaremos tan sólo las obras de Artieda, Tirso, Yagüe, Pérez de Montalbán, Hartzenbusch, Bretón y Caruana. Actualmente, en una dependencia perteneciente a la iglesia de San Pedro se encuentra eternizada en alabastro y bronce esta sugerente historia, de los amantes Isabel de Segura y Diego Marcilla, que murieron de amor sin conocer sus cuerpos más que la paz del reposo eterno. El gran escultor Juan de Avalos supo labrar con genial maestría esta bella historia de amor. Por eso se ha convertido su artística obra en digno mausoleo que alberga y recoge los cuerpos de los Amantes. Las dos estatuas yacentes, de fría serenidad, extienden las manos, que no llegan a juntarse, como símbolo de amor eternamente puro. |
Explicativa de Teruel
En un escarpado que rodea la garganta del Turia, la ciudad de Teruel, de origen ibero (Turba), ha conservado su función de ‘cerrojo’ entre el levante mediterráneo y el país que, en la Edad Media, se convirtió en el reino de Aragón. Ciudad-bisagra, mantuvo durante mayor tiempo que las demás ciudades españolas una importante colonia hebrea. Por otra parte, los moriscos, incluso después de la conquista de Granada, siguieron practicando el culto en la mezquita que no fue derribada hasta el siglo XVI. En el invierno de 1937/38, durante la Guerra Civil, la ciudad fue escenario de encarnizados combates.Las primeras referencias a Teruel aparecen en las crónicas musulmanas del siglo X, y su nacimiento como núcleo de importancia hay que situarlo en la Reconquista, cuando el rey Alfonso II decide fundar una villa con el fin de organizar las fronteras del Reino ante la conquista de Valencia por los almohades. En ese momento las fronteras quedan organizadas.
Existe una leyenda muy extendida sobre el origen del nombre de la ciudad, en ella se explica que, en tiempos lejanos, la ubicación de las villas se realizaba sirviéndose de un animal salvaje; se perseguía a este y en lugar en que se le abatía se erigía un santuario. Alrededor de este altar se construía el pueblo.Los aldeanos que habitaban en la zona salieron en busca de un toro salvaje que recorría los alrededores. Una noche, el animal se detuvo bajo una estrella y comenzó a bramar. Los adalides tomaron como buenas las señales que el Celo y la Tierra les presentaban, y construyeron allí la villa. Tomaron del toro tres letras, TOR, y de la estrella, llamada Actuel, otras tres, UEL. Estas seis letras juntas dieron el nombre a la villa TORUEL.
Sin lugar a dudas, la historia más conocida de la ciudad es la de Los Amantes de Teruel. La trágica relación amorosa entre Diego de Marcilla e Isabel de Segura en la que ambos murieron por amor -por eso fueron enterrados juntos, y juntos permanecen hoy sus restos-, es conocida en todo el país.
Una provincia que aúna la monumentalidad de sus pueblos y ciudades con la riqueza de su patrimonio natural y sus ancestrales tradiciones, donde el turismo rural, cultural o deportivo dan la mano al visitante para que saboree de muy diversas maneras una de las tierras más diversa de nuestra geografía.


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